jueves, 20 de febrero de 2014

Hoy día llegó al sushi una loca que al parecer había sido garzona del local hace algún tiempo. Cuando yo entraba al local, escuchaba parte de sus historias, ella hablaba para todos, bastante en alto, así que era inevitable no escucharla.
Lo que me llamaba la atención en ella era que contaba que un tipo que trabaja ahí y que no estaba y que todos conocemos, le había estado mensajeando mientras ella estaba en Uruguay. Leía los mensajes que él le
había enviado, dejando en evidencia que la saludó para 'el día de los enamorados', que la recordaba, que no lo olvidara, y otras cosas que posiblemente oí, pero que mi oído dejó de funcionar y mi cerebro se puso a analizarla.

Pensé: ¿por qué?

¿por qué hay mujeres que les gusta hacerse de testigos en aquellos que 'conviven' habitualmente entre ellos y el delatado? Ellos, a quienes  se frecuentan o convergen en algún punto de sus a diario qué hacer, porque deben hacer, porque simplemente son sus compañeros de trabajo, ¿por qué?

Hay una cuestión tan 'femenina' en ello, que de femenino, según yo: nada, nada de femenino o lo que yo entiendo por y de lo de femenino. Que lleva a hacerles levantar las manos con el gesto aquel, hipócrita aquel: yo no he hecho nada. Todo él... todo lo ha maquinado él.

Histeria, pienso.
Una histérica siempre necesita hacerse de testigos, por autovalidarse en su histeria o por autoconvenserse dentro de su misma histeria.

Recuerdo la parte de una canción que dice: todos, todos, todos quieren conmigo. y viene bien, al caso, viene perfectamente bien, y me satura.

Siento vergüenza, vergüenza de género.

miércoles, 12 de febrero de 2014




Gata có(s)mica 



Abrí la mochila, buscaba un lápiz, salió desde dentro el  olor a  té de berries que me ha hecho cerrar los ojos y esbozar una sonrisa, aún no aparece lo que busco y me aparece antes la bolsita del doctor chapatín, con la lana cruda adentro, la saco, también sonrío, pienso en lo bonito del día sábado en que llegó el Jóse de Chiloé y que me la ha traído de regalo, es tan bonito el gesto, es tan bonito el anaranjado, huele  tan rico a té Chai, y verdad que guardé en esa misma bolsita los té que me ha regalado Paula, pienso en ella, también la quiero, el olor del cardamomo y su recuerdo y la mañana  dominguera en que preparó el desayuno para Mirtho y para mi, provocan las ganas de abrazar mi mochila entera quizá, o a la bolsa, o a la lana, o a las fotos que igualmente están dentro. Reveladas ayer, las miro, las miro de nuevo y también me hacen sentir algo en la panza, algo reconfortante tan parecido a lo que sentía cuando comía algo rico preparado por mi abuelita, lo que siento me hace creer en la idea de satisfacción de amor y que, ahorita mismo podría vomitar un arcoíris.

¿Qué más encuentro? encuentro mi libreta del trío de gatos que  me  regaló Felipe hace un par de años, una vez que andábamos en El bío buscando un regalo para la tía, por su cumpleaños. Es una portada bonita, los gatos también sonríen, en la parte superior derecho hay pegado un sticker  de Gata verde, mi gorda, ojalá se quede con ése nombre en cuanto se decida a por el grow shop, pienso.
Más abajo, otra libreta, una de portada mitad plateada mitad negro, con una gata rosada y un par de corazones que me ha regalado mi amiga gata secreta navideña, que de secreta muy poco permaneció. Esa loca es una loca bacán y mucho más bacán que le haya salido yo y tener algo bonito de parte de ella, entonces la abro en cualquier pagina y tengo escrito lo siguiente:


yo   : oye, pero el azúcar es una cuestión demasiado dañina.
ello : bueno, y tú también, y acá estamos.



Del lápiz, ni luces. Abro el bolsillo de afuera, están las flores de G. y las mías, mi nueva C.I, mi máscara de pestañas azul ( que me encanta) y claro, 5 lapices. Escribiré con verde, porque sí.