domingo, 30 de junio de 2013

viernes, 28 de junio de 2013

Sweetest


Cuando era chica no me gustaban los dulces, de teenager tampoco,
 luego de adulta algo pasó, sí, en mi accidentado impulso de traer otra vida a través de mi,
se me fueron antojando los berlines, las galletas, los pasteles.
Mientras comía, literalmente  como si nunca hubiera comido algo tan rico,
 me autoconvencí en la idea de que  cuando G. saliera  de mi
se llevaría todo este gusto adquirido por él,
pero no, no ocurre, no puedo vivir sin comerme una galletita,
 el café ya no sería sin una facturita, sin un croissant con queso y mermelada,
sin un pastel de mil hojas, la vida ya no me sería nada dulce.