viernes, 27 de diciembre de 2013




"Por eso yo ya me voy,
no quiero tener nada que ver 
con esa fea relación de acción,
construcción-destrucción"







"Dondequiera que voy las personas están echando a perder sus vidas. Cada cual tiene su tragedia privada. La lleva ya en la sangre: infortunio, hastío, aflicción, suicidio. La atmósfera está saturada de desastre, frustración, futilidad. Rascarse y rascarse... hasta que no quede piel".


Trópico de Cáncer, H. Miller.




martes, 24 de diciembre de 2013




El reloj atrasa, hora de volver a casa





Me abrazarás como pidiéndome que no me vaya, que me quede un rato más, una tarde más, luego, pedirás un día más hasta que me quede contigo hasta que los días se dejen de contar, hasta que los días dejen de cortar y atormentar. Regalarás un calendario semi mecánico o semi manual no a quien lo regalarás, compraste calendario por excusar tu propia proyección de los días.

Me abrazarás fuertemente, pero dirás nada. Nos abrazaremos en silencio y el valor de ese momento, ¿cuánto valdrá? estaremos en un silencio lleno de ruidos, lleno de venenos, lleno de amor y venenos, Ringo y Sandra, bajo la fiebre de Sandra, un abrazo silencioso, porque no existe adiós entre nosotros dos.



miércoles, 18 de diciembre de 2013

dopamina




"Los guardianes del crepúsculo saben de mi padecer, me aconsejan despegar mi nave a tiempo y desde el aire saludar, saludar"

Dopamina, Babasónicos.


Entonces, crecí:  crecí hace mucho tiempo, digo, dejé de adolecer, pero esa resistencia idiota del pasado siempre negó a saltar ese charco, por un absurdo temor que en definitva, a una le atemoriza al punto de hacer tambalear las piernas y excusar poder hacerlo finalmente, no poder poder, porque el cuerpo a veces pesa o uno cree que le pesa, pero en el fondo, en el fondo no.
Salté, me estiré. Salté, me estiré para alcanzar esa porción de la locura y desde acá, desde el otro lado puedo decir que sí, que es extenderse a algo mejor, porque ya nada en esta puta vida puede volver a ser tan peor como ya lo fue, y es cierto, estuve mal, muy mal, estuve, ya no.

Para que nunca más, nunca más.



sábado, 14 de diciembre de 2013



Días más largos, y pese al calor,
el ánimo llega al zol.



Estamos limpiando los muebles, tú con una esponja de lavar loza, la esponja que tiene alas, sí mamá, alas, dos alas y que viaja del refri a la puerta de entrada y de la puerta al auto amarillo de ojos grandes.


Escuchamos Led Zeppelin todo lo que llevamos de día, te quedaste guitarreando una del IV que no recuerdo ahora, pero que me dejó mirándote cagada de risa.
                                                                                 


Mira nuestros pies descalzos, los tenemos todos pintados con tempera, los tuyos rojos, azul y verde, los míos verdes. Mira los gatitos de madera que te trajiste de donde la gorda, pintaste el naranjo de azul y el azul de naranjo y que ahora limpias con la misma esponja de lavar loza. Míranos pequeño don, nos amo.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

sábado, 7 de diciembre de 2013

Yo mato a mi fantasma como puedo, como puedo


Siendo las 3:21 reflexiono que a G. Le gustan demasiado los animales y que yo no puedo darle carne para comer, desde hace meses. Igualmente el no darle leche,  porque la cambié por el brócoli, por almendras, garbanzos, muchas más naranjas.
Pero eso, es un día sábado-domingo, no día,  en que no estoy con él y me produce extrañesa. Todo lo que extrañesa pueda significar-se/me.

Te amo nomás, no más, no menos. Y te respeto pa siempre, porque es en el respeto en donde termino 'yo' y comenzai 'tú'.

Salud pa ti, salud pa mí, y todo lo que salud pueda significar-se/me/nos.



martes, 3 de diciembre de 2013

La figura es la siguiente:

Estoy en el piso 23, miro desde el balcón y me da en frente la torre Entel. Son las 15:54 Hrs. Hace calor, ahora más porque acabo de almorzar unas ricas lentejas, algo inusual: Me comí  las lentejas en pelota. Me desperté tarde, dormí bien, descansé, no tengo ganas de ponerme ropa.

Anoche junto a los gatos fumé White widow, para variar me dejó pálida, siempre siempre esa cepa hace que me baje la presión. Luego de revivir por la rica once ofrecida de marraqueta tostada  con palta, té, rico el té, cuánto disfruto el té, y un trozo de tartaleta, inauguramos el bong. Para mí un bongazo prudente de Magnum, dejé la mitad del cogollo sin quemar y los gatos se sintieron medio ofendidos, la verdad es que no me quiero  ir tan a la mierda.

En la prudencia pude sostener la cámara y motivarme a jugar con las luces, perseguir el humo  antes de que se esparciera por completo, poner la música fuerte y cantar por mientras, andar a pata pelá, hasta escuchar el - ya Carol, ¿fumarás más? - y sí, allá voy, sin nada de prudencias esta vez, el bong está cargado de Chronic, no pude con todo de una, contemplé el humo subiendo los 3 pisos de base azul en la trasparencia del vidrio y volví a fumarlo. 

Bonito, muy bonito.

Estoy en el piso 23, miro desde el balcón y me da en frente la torre Entel. Son las 16:30 Hrs, hace calor pero ya no tanto, ando en pelota, no tengo intensión de vestirme hoy. Ando de romance con líquidos con jengibre,  desperté tarde, dormí bien, descansé. Ayer la gorda me invitó a comer queque de ganja, comí queque primero, luego fumamos, después inauguramos el bong junto a los gatos.


Un bostezo.

lunes, 2 de diciembre de 2013

De cabra chica nunca me gustaron los juegos mecánicos, me subí una vez al barco pirata por decisión propia, pero nunca me saltaban la patitas ni el corazón ni los ojos de entusiasmo. 

A los 14 fui a Disney, no recuerdo si fue en el Magic kingdom o en Epcot, había un juego que comenzaba a ras del suelo, venía un carrito azul para una fila de 4 personas, luego se perdía hacia el fondo en un agujero y no se veía nada más. 
Mi tía Cristina nos dijo que el juego no era apto para cardíacos y miró a Francisca, le dio la mano y se la llevó con ella, teminó con un Ok. let´s go. Nosotras con Paula nos subimos, yo al principio. El carrito comenzó la marcha, lento primero, llegamos a un subterráneo, quedamos a oscuras, empezó a andar más rápido y  de pronto ya no vi el camino hacia el frente, en verdad no veía nada, y justo donde ya no había camino el carro se tiró al vacío, agarró toda  velocidad y yo con el pelo en la cara, en los ojos, metiéndose en mi boca y oídos, mi pelo era largo, seguramente molestaba a  Paula, con el corazón en la guata, con el grito desgarrador del pecho, pequeñas luces por los bordes, parecían miles de estrellas en un cielo despejado, era estar adentro de un caleidoscopio. Era una montaña rusa subterránea enorme, ¡ay! ¿por qué? ¿por qué esto es esto? ¿por qué, por qué, ¡¡pooooor queeeeeeee!!? se convirtió en mi mantra hasta que el carrito se volvió apacible nuevamente y nos dejó para salir por unas escaleras mecánicas en subida, bordeadas de espejos me vi pálida, chascona, odiando al mundo. Ahí estaban mi tía y hermanas riéndose, yo sólo quería hacerles un oyúo.



Escribía al comienzo que nunca me gustaron los juegos mecánicos, después de lo que pasó, en definitiva ya no me gustan, o eso creía hasta el domingo en que me escuché diciendo: Ahora me subiría a la montaña rusa, pero porque yo quiero hacerlo, porque quizá ya no tengo miedo o porque necesito liberarme de esta adrenalina.
Ahora que lo pienso realmente no quiero hacerlo, prefiero tripearme. Me doy risa, recordar haberme escuchado hablar cosas sin pies ni cabeza, es bacán mi risa.




Fin de semana, todo siempre fue mañana




"Hoy me di cuenta de que  lo que escribí  ayer en realidad lo escribí hoy:  todo lo treintaiuno de diciembre lo escribí el uno de enero, es decir hoy, y lo que escribí el treinta de diciembre lo escribí el treintaiuno, es decir ayer. Lo que escribo hoy en realidad lo escribo mañana, que para mí será hoy y ayer, y también de alguna manera: un día invisible. Pero sin exagerar"


Los detectives salvajes, R. Bolaño.