martes, 24 de febrero de 2015

game me




me puse a jugar Zelda y Fez, en cualquier momento me volví loco mamá*. Zelda le regaló un nuevo ritmo a mi corazón, y no lo escribo metafóricamente, porque a penas le puse start me fui a la mierda con las emociones. Fez lo juego para superar la idea de que en Hyrule ya quedó la mansaca, que pasaron 7 años desde que rescaté a la princesa que estaba en la panza de Jabu-Jabu y de que Link ya se hizo hombre, hacerse hombre suena cuático, yo no sé cuándo un hombre se hace hombre pero lo digo por decir, porque ya no es un niño (?) demasiado encuentro yo, me tengo que preparar para salvar al mundo de la devastación y demás que soy capaz, obvio, pero me tengo que preparar.

 Fez es como una burbujita llena de oxigeno en este momento, un recreo. Me gusta la gráfica, el sonido, escuchar el sonido de las patitas de Gomez salir por una puerta es una de las cosas que más me ha enternecido esta semana, no es un juego fácil, es más bien complejo y me divierte.


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*Un día, el día en que me compré un pastel de mil hojas para el desayuno, decidí darle un bocado a Gaspar (quien por ese entonces tendría un poquito más de 3 años ). Me preparé para ver su reacción en azúcar, y bueno, pasaron 20 segundos y me miró con los ojos así de grandes, se paró en la silla, puso las palmas de sus manos sobre la mesa, miró el techo, me volvió a mirar y me dijo con voz de éxtasis: ¡me volví loco mamá!